Zenón perdió toda su fortuna en un naufragio. En lugar de desesperarse, llegó a Atenas y entró en una librería donde descubrió historias sobre Sócrates. Este momento de pérdida total marcó un punto de inflexión en su vida: comprendió que la verdadera riqueza no tenía nada que ver con el dinero, sino con el carácter. Zenón interpretó su desgracia como un golpe de suerte, diciendo algo así como: «Tuve un viaje próspero cuando naufragé». A partir de entonces, dedicó su vida a la filosofía, enseñando en público para que cualquiera, sin importar su clase social.


Datos curiosos sobre Zenón: nunca cobraba por sus lecciones, que eran dadas en voz alta, al aire libre y accesibles para cualquiera que quisiera escuchar, desde mendigos hasta comerciantes. No adornaba el discurso con metáforas brillantes al estilo sofista, sino que buscaba claridad, firmeza lógica y ejemplos prácticos.

No era griego de origen. Nació en Citio (Kition), en Chipre, una ciudad de tradición fenicia. Era hijo de un comerciante fenicio que viajaba mucho a Atenas. Su padre solía traerle libros griegos de filosofía. Su lengua materna probablemente no fue el griego, y se cuenta que tenía un acento extraño al hablar en Atenas. Algunos ateniendes lo imitaban en broma, aunque su pensamiento era tan sólido que con el tiempo ganó gran respeto. Con el tiempo fue perfeccionando su griego en contacto directo con los atenienses, aunque nunca perdió del todo su acento extranjero.

Zenón entró en una librería del Ágora. Allí cogió y empezó a leer la Apología de Sócrates escrita por Jenofonte. Quedó impresionado por la figura de Sócrates que aparecía en esas páginas. Entonces preguntó al librero: “¿Dónde puedo encontrar un hombre así?”. En ese momento pasó Crátes de Tebas, y el librero le señaló: “Síguelo”. Y así es como empezó a estudirar con los cínicos (Crates de Tebas), con los megáricos (Estilpón) y con los académicos (Polemon). Durante casi 20 años fue discípulo antes de fundar la Stoa.

La escuela estoica no se llamaba “estoica” en su tiempo, sino “zenoniana”. Era costumbre en Grecia llamar a una corriente filosófica por el nombre de su fundador: así existía la socrática, la platónica, la aristotélica, la epicúrea… Después se hizo más popular el nombre de Estoica porque Zenón enseñaba en el Pórtico Pintado (Stoa Poikílē) del Ágora de Atenas. Y como los llamaban «los de la Stoa», es decir, estoicos. Y. ¿por qué en la Stoa y no en un lugar cerrado? Precisamente porque Cenón quería un espacio abierto, para poder hablar con todos y que todos pudieran formar parte de esas charlas. Su mensaje era: la virtud y la razón no son privilegio de unos pocos, sino patrimonio común de todos los seres humanos.

Según Diógenes Laercio y otras fuentes: Dormía en un cajón de madera en sus primeros años en Atenas (imitando a los cínicos). Vestía siempre de manera sencilla y austera, lo que le valió el respeto de los atenienses. Esta costumbre recuerda directamente a su maestro cínico Crátes y al propio Diógenes de Sínope, que vivía en una tinaja (en realidad un gran tonel de cerámica). Zenón no llegó a tanto, pero el dormir en un cajón de madera era su versión de esa vida austera.

Ya anciano (70 años, mucho para aquella época), tropezó y se rompió un dedo del pie. Según las fuentes, interpretó esto como una “señal de la naturaleza” y decidió dejar de vivir, conteniendo la respiración hasta morir (una práctica de autodominio). No fue por el dolor del dedo, claro, sino por la simbología del accidente unido a su edad. Para él significaba: “mi cuerpo ya empieza a desmoronarse, es hora de marcharme en paz”. Me cuesta creer que se quitó la vida tapándose el mismo la boca y eligiendo no respirar, pero así pareció ser. Al menos, así quedó recogido por Antígono de Caristo, un autor helenístico.

Fue honrado en Atenas con una corona de oro y una tumba pública: raro para un extranjero.