
Su nombre completo fue Marcus Annius Verus. nació en Roma. Su padre, Marco Annio Vero, murió cuando él solo tenía solo 3 años. Fue criado por su madre, Domicia Lucila, mujer culta, piadosa y muy respetada en Roma y por su abuelo paterno, el cuál era de Ucubi, la actual Espejo (Córdoba, España). Cuando era niño el emperador Adriano se fijó pronto en él por su carácter serio y reflexivo. Fue quien lo apodó Verissimus (“el más veraz”) y lo puso bajo protección imperial, asegurando su formación y futuro político. Practicaba la austeridad desde pequeño: prefería dormir en un lecho durísimo, casi en el suelo, hasta que el emperador Adriano le obligó a descansar en una cama más cómoda para no dañar su salud. Con 17 años el emperador Antonino Pío, siguiendo órdenes de Adriano, lo adoptó como hijo y sucesor.
Fue emperador de Roma y luchó contra guerras y plagas mientras llevaba un diario privado, que hoy llamamos «Meditaciones». Usaba estos escritos para recordarse a diario sus valores y mantenerse humilde, sin importar el poder que ostentara. Escribió: «Si algo externo te angustia, el dolor no se debe a la cosa en sí, sino a tu apreciación de ella».
Datos curiosos:

Cuando era niño, Marco Aurelio fue nombrado miembro de los Salii, una orden de sacerdotes dedicados al culto de Marte, dios de la guerra. Formaba parte del prestigio social de la familia, y era un honor que un niño fuese admitido en esa cofradía. Los Salii eran jóvenes patricios que participaban en procesiones solemnes, vestidos con túnicas bordadas y portando escudos sagrados (ancilia). Pero su caracter austero no encajaba y, estando cerca de convertirse en sacerdote, acabó inclinándose por la filosofía y la vida estoica.
Sufrió toda su vida de problemas de estómago, insomnio y debilidad física. Por eso a menudo se quejaba en sus Meditaciones de su cuerpo frágil, aunque nunca dejó de trabajar ni de cumplir con su deber. Comía poco y de forma muy simple: pan, higos secos, a veces un poco de queso o fruta. Evitaba banquetes y comidas copiosas, no solo por austeridad estoica, sino porque su cuerpo no lo toleraba. Practicaba una moderación extrema en la bebida y rechazaba el vino fuerte, que empeoraba sus males. Aun con sus achaques, seguía trabajando sin descanso: atendía asuntos del Estado, escribía y marchaba en campañas militares.

Tuvo al menos 13 hijos con Faustina la Menor, pero la mayoría murieron siendo niños. Solo sobrevivieron unos pocos. La muerte repetida de tantos hijos fue una dura carga personal. Sus Meditaciones reflejan esa experiencia de pérdida constante y la necesidad de aceptar la muerte como parte natural de la vida. De hecho, una de las notas más humanas de Marco Aurelio es que no habla de la muerte en abstracto: la sufrió en su propia familia una y otra vez.Algunas fuentes dicen que Faustina cometió infidelidades aunque Marco Aurelio siempre dedicó palabras de afecto hacia ella. Muchas hijas murieron y las que llegaron a la edad adulta se casaron con senadores romanos. El único hijo varón que sobrevivió a la adultez fue Cómodo, y su reinado cruel fue una ironía trágica: el emperador filósofo dejó como sucesor a uno de los gobernantes más brutales y extravagantes de Roma.

Hubo una gran crisis financiera en el Imperio, con lo que subastó joyas, muebles y objetos de lujo de la familia imperial en la plaza pública de Roma, para pagar a los soldados y sostener al Estado. Por un lado el gasto en la guerra marcománica (166–180 d.C.), en la frontera del Danubio contra las tribus germánicas y sármatas, y por otro la lamada peste antonina, la cual mató de entre 5 a 10 millones de personas, generaron esa gran crisis económica, y también social y religiosa. La subasta se hizo en el Foro de Trajano, a plena vista del pueblo. Fue una medida transparente: cualquiera podía comprar, y el dinero se destinaba directamente a financiar la guerra y sostener al Estado.
Aunque veía el circo como una distracción popular, criticaba la crueldad de los espectáculos sangrientos, intentando darles un carácter más controlado y educativo. La Historia Augusta dice que Marco Aurelio, aunque asistía a los espectáculos para cumplir con el deber imperial. Lo suyo eran los libros, la filosofía y el deber cívico, no las diversiones de masas.
De todos los estoicos, Marco Aurelio es el que más nos sigue hablando hoy. No porque fuera emperador, sino porque dejó un diario —las Meditaciones— escrito en medio de guerras, epidemias y noches de dolor. No eran discursos para otros, eran recordatorios para sí mismo: ser fuerte, aceptar lo que no depende de uno y vivir con virtud.
