Epicteto ya nació como esclavo. De hecho Epíktētos (Ἐπίκτητος) significa literalmente “adquirido”. Su dueño fue Epafrodito, un liberto de Nerón, conocido por su crueldad. El propio Epafrodito, bien como castigo o bien por mostrar su crueldad, le retorció una pierna hasta que se la fracturó. Aun así, Epicteto nunca se consideró una víctima, y él creía: «Lo que importa no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas». Cuando finalmente obtuvo su libertad, abrió una escuela y usó ejemplos sencillos, como recordarles a los estudiantes que si una taza se rompe, no se preocupen; siempre es frágil.

Datos curiosos: Nació en Hierápolis (actual Turquía). Cuando su dueño Epafrodito le torció la pierna, Epictecto le advertía “Si sigues, la vas a romper”, hasta que la rompió. Epicteto, sereno, solo dijo: “¿Ves? Te lo advertí”. A partir de ese momento quedó cojo de por vida. La anécdota fue recogida y transmitida porque ejemplifica la enseñanza central del estoicismo: pueden dañar tu cuerpo, pero no tu mente ni tu libertad interior.

Todo lo que tenemos de él proviene de las notas de su discípulo Arriano, que recopiló las Disertaciones y el Enquiridión. Epicteto prefería enseñar oralmente y vivir con ejemplo, no dejar tratados escritos. Llevó siempre una vida extremadamente austera. Su casa era poco más que una choza sin adornos. Pero dentro guardaba algo valioso: una colección de libros filosóficos, a los que dedicaba horas de estudio y enseñanza. Aunque acudían a él jóvenes de familias poderosas (como Adriano, futuro emperador), Epicteto insistía en que la filosofía no era para adorno social, sino para transformar la vida. A los que buscaban postureo los echaba sin contemplaciones.

Era famoso por sus respuestas rápidas y casi sarcásticas. Si alguien presumía de riquezas, Epicteto contestaba: “No te admiro por tener mucho dinero, sino por saber usarlo bien. ¿Lo sabes usar? O como A uno que se quejaba de que le insultaban: Epícteto respondió: “Si un hombre llama a tu lámpara burro, ¿acaso te enojas? Pues si te llama burro a ti, ríete: no sabe que tú tienes más defectos que ese.” A un joven que presumía de aprender lógica complicada: Le dijo: “Lo importante no es resolver silogismos, sino vivir de acuerdo con ellos. De lo contrario, solo serás un tonto que sabe lógica.” A alguien que se lamentaba de perder sus bienes: Epícteto contestó: “¿Lloras porque se te ha roto un vaso? ¡Como si no supieras que los vasos se rompen! Aprende ahora a llorar cuando se te rompa el cuerpo.” A un discípulo que temía a la muerte: Le dijo: “¿Temes aquello que ni siquiera sentirás? ¿No temes más bien a la vida, que es la que duele?” A un esclavo que robaba y le dieron parte de lo robado: Epícteto respondió: “Si me das un poco de carne robada, recuerda que me haces cómplice. Mejor cómetela tú solo y disfruta tu miseria.”

Después de ser liberado como esclavo, sobrevivía enseñando filosofía en Roma. Más tarde, cuando Domiciano expulsó a los filósofos, se exilió a Nicópolis (Grecia), donde fundó su propia escuela estoica. Hay testimonios de que tenía una pequeña mascota (probablemente un perro) que lo acompañaba. Usaba ejemplos con animales domésticos en sus enseñanzas, mostrando ternura inesperada en un estoico tan duro. En algunas versiones posteriores, se añade que ese perro fue la única “posesión” que realmente valoraba, porque encajaba con su idea de la naturaleza y la simplicidad. Cuando la gente le preguntaba cómo podía ser feliz con tan poco, respondía señalando a su perro y su lámpara: “Esto basta para vivir conforme a la naturaleza.” Aunque no se sabe si realmente fue más una herencia cínica que un hecho historico documentado.

Ya mayor y sin familia (era célibe y nunca se casó), adoptó a un niño huérfano que había perdido a sus padres. A pesar de vivir en austeridad, se hizo cargo de criarlo y mantenerlo, mostrando el lado más humano de su filosofía. Para poder atenderlo, pidió ayuda a una mujer mayor, que convivió con él como una especie de ama de cría y cuidadora. Su vida frugal no fue un obstáculo para hacerse cargo de otro ser humano, lo que lo convierte en un ejemplo de coherencia entre pensamiento y acción.

Epícteto murió Nicópolis, de manera natural, alrededor del 135 d.C., anciano y en paz, sin escándalo ni tragedia. Su vida fue su enseñanza, y su muerte, la culminación serena de un camino estoico. Lo recordaron como el filósofo esclavo que vivió libre.